Mensajera peregrina
				que al pie de mi bartolina
				revolando alegre estás,
				¿de do vienes, golondrina?
				Golondrina, ¿adónde vas?
			
				Has venido a esta región
				en pos de flores y espumas,
				y yo clamo en mi prisión
				por las nieves y las brumas
				del cielo del Septentrión.
			
				Bien quisiera a contemplar
				lo que tú dejar quisiste;
				quisiera hallarme en el mar,
				ver de nuevo el Norte triste,
				¡ser golondrina y volar!
			
				Quisiera a mi hogar volver,
				y allí, según mi costumbre,
				sin desdichas que temer,
				verme al amor de la lumbre
				con mi niña y mi mujer.
			
				Si el dulce bien que perdí
				contigo manda un mensaje,
				cuando tornes por aquí,
				golondrina, sigue el viaje
				y no te acuerdes de mi.
			
				Que si buscas, peregrina,
				do su frente el sauce inclina
				sobre el polvo del que fué,
				golondrina, golondrina,
				no lo habrá donde yo esté.
			
				No busques, volando inquieta.
				mi tumba obscura y secreta,
				golondrina, ¿no lo ves?
				¡En la tumba del poeta
				no hay un sauce ni un ciprés!


 

 

 

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