Aclaraciones
La Reforma Agraria
y el
Arzobispado de Santiago de Cuba


Mons. Enrique Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago de Cuba
21 de Julio de 1958

En el periódico local, Sierra Maestra, aparecieron el sábado último unas declaraciones nuestras sobre la Reforma Agraria, las cuales estimamos necesario aclarar y ampliar para evitar tergiversaciones.

Primero. - Dijimos que aprobábamos la Reforma Agraria, y la aprobamos en cuanto ella tiende a redimir al campesino del estado deplorable en que se encuentra, más que de pobreza, de verdadera miseria en muchísimos casos, en esta tierra privilegiada, en la cual nadie debiera sentir el zarpazo del hambre.

Segundo. - Dijimos asimismo que felicitábamos y felicitamos al líder máximo revolucionario por la inspiración que ha tenido y el marcado propósito que mantiene de llevar la revolución y sus benéficos efectos al campo económico, no deteniéndose, como era generalizada costumbre, en el político, tratando de esta manera de servir los intereses vitales del pueblo en la parte material.

Tercero. - También dijimos y repetimos que nada de lo enumerado era óbice para que la Reforma Agraria, como obra humana al fin, estuviese exenta de defectos, de los cuales, algunos de bulto, pero que pueden ser fácilmente subsanados a tiempo, habiendo, como tenemos derecho a pensar que hay, el mejor deseo de acertar, de construir y no destruir sin verdadera necesidad.

Cuarto. - Nada dijimos del éxito de la dicha Reforma Agraria, ni de la forma de llevarla a cabo. Nada del éxito, que depende de muchos y variados factores, por carecer de elementos precisos de juicio en materia tan complicada, deseando, eso sí, que esta Reforma Agraria no corra la mala suerte de otras similares que a ésta han precedido en otros países. Nada de la forma, que no encontramos todo lo ajustada que quisiéramos con miras al mejor resultado, coincidiendo por ello en algunos puntos con personas muy autorizadas por su capacidad y por su honorabilidad, las cuales, habiendo estudiado la ley de la Reforma Agraria cuidadosamente, la rechazan tal como está redactada, precisamente por defecto de forma.

En todo caso, expertos conocedores de la doctrina comunista, divulgada en Cuba para cubanos, descubren en la referida Reforma Agraria tanto parecido, o afinidad dicen algunos, con el pensamiento de los discípulos fieles y disciplinados de Moscú, que llegan a sospechar que éstos y los redactores de la Reforma Agraria han bebido en la misma fuente, que no es, así afirman enfáticamente, la del Evangelio ni la de las Encíclicas sapientísimas de León XIII o Pío XI. El Dr. Castro, ajeno a buen seguro a las orientaciones moscovitas, ha de saber perfectamente que esta orientación no favorece en nada el éxito de la Revolución.

Dicho esto, nos permitimos añadir que, de tener una miaja de autoridad para ello, aconsejaríamos se tratase de llevar adelante la Reforma Agraria en plan de la más perfecta armonía entre las partes interesadas, sin estridencias y sin provocar derrumbes, innecesarios para la construcción del grandioso edificio económico felizmente ideado, a cuya construcción habrían de contribuir, a buen seguro, los que hoy se sienten justamente alienados y amenazados. Con ello saldríamos ganando todos, aunando voluntades, sumando y no restando; y. los inconformes, que de sobra sabemos quienes habrían de ser, no debieran importar a la Revolución triunfante, que mira tan sólo al bien común, al bien de Cuba, y a la estabilidad e incremento continuo de la economía y del bienestar del pueblo.

Por último, por si pudiere servir de algo, repetimos lo que dijimos 13 de Enero en documento público, dirigido a los nuevos gobernantes:

"Es necesario hacer que el campesino ame la tierra, y se sienta bien en el campo, que muchísimos aborrecen hoy. Poco importa dar un pedazo de tierra (aunque se dé en pleno dominio, decimos hoy) al que no la ama, al que aborrece el campo". La solución de este problema es más práctica, que teórica; y hay que resolverlo.

Santiago de Cuba, 21 de Julio de 1959.

 
+Enrique, Arzobispo de Santiago de Cuba.