Madre mía de mi vida y de mi alma, dulce flor encendida, resplandeciente y amorosa gasa que mi espíritu abriga. Serena el escozor que siento airado, que tortura mi vida, ¡Qué tirano! ¡Cómo sidera el alma mía! ¡Se rebela, maldice, no quiere que yo viva mientras la Patria amada encadenada gime! Un gran dolor le sigue como al hombre la sombre furtiva, y los dos me acompañan junto con la fatiga. Madre mía de mi vida y de mi alma, dulce flor encendida, resplandeciente y amorosa gasa que mi espíritu abriga. Mata en mí la zozobra y entre la sombra de mi alma brilla... ¡El peregrino muera! ¡Que la Patria no gima!
Publicada como de Martí, en una Antología de Poetas Americanos, por Editorial Sopena, de Barcelona.