A la Srta. Virginia Ojea Niña, como las flores del naranjo Blanca y sencilla: ¿Sabes tal vez lo que en la mar humana Será tu vida? Hoy - como aurora - tu existencia amena Sonríe y brilla, v tallado en pétalo, tu cuerpo Es urna de sonrisas; Mañana - como un sol que entre las venas Se funde y se desliza - Vendrá el amor, el déspota altanero, Señor de nuestras vidas. Te miro, y pienso en las palomas blancas, De la selva alegría, Y en tu alma, un nido de paloma; y pienso En los que cazan, ¡niña! La red vendrá. Cual moro a quien los ojos Del fiero león fascinan, Fascinada también, caerás amando, Trémula, de rodillas. ¡Oh! ¡Sé muy tierna! Es la palabra pura Que salva y que ilumina. Ceder es dominar: sé siempre tierna: ¡Jamás serás vencida! Cuando en el seno de tu esposo rujan Las fieras de la vida: Las pasiones - panteras, los deseos - Chacales -, ¡la caricia Apresta, niña blanca! ¡Doma potros Y fieras la caricia! Pues amar ¿no es salvar? No es esa fiesta Vulgar de gentes nimias, Que de un vals en los giros nace acaso, Y como un vals, expira, Ni un vago templo - de perfume extraño Morada vívida - Donde el azul del cielo y las ligeras Nubes habitan, Y en luz de estrellas y en vapor de rosas Duerme la vida. ¿Amar? ¡Eso es un voto! Es un espíritu Que a otro se libra. Como una monja que en las aras jura Bodas divinas. Como Jesús, la generosa novia, Serena, a la cruz mira, Y al novio ofrece, si en la cruz lo clavan Las fieras de la vida, Colgarse a él, y calentar su cuerpo, Y si en la cruz expira, Morir con él, los nobles labios puestos Sobre su frente fría. ¡Eso es amor! Andar con pies desnudos, Por piedras, por espinas, Y aunque la sangre de las plantas brote, ¡Sonreír, Virginia!
José Martí
Nueva York, 188O