María

	Esa que ves, la del amor dormido
	En la mirada espléndida y suave,
	Es un jazmín de Arabia comprimido
	En voz de cielo y en contorno de ave. 

	La rubia Adela, en cuya trenza dora
	Su rayo el Sol, del brazo de María
	Copia es feliz de Rut la espigadora
	Ciñendo el talle a la arrogante Lía. 

	Caricia - más que acento - su palabra,
	Si los jardines de su boca mueve,
	Temores da de que sus alas abra
	Y el Padre Cielo su alma blanca lleve. 

	Si en la fiesta teatral - corrido el velo -
	Desciende la revuelta escalinata,
	Su pie semeja cisne pequeñuelo
	Que el seno muestra de luciente plata. 

	Sierva si sigue el tenue paso blando
	De la bíblica virgen hechicera.
	Y leyes dicta, si, la frente alzando,
	Echa hacia atrás la negra cabellera. 

	Quisiera el bardo, cuando al sol la mece,
	Colgarle al cuello esclavo los amores;
	¡Si se yergue de súbito, parece
	Que la tierra se va a cubrir de flores! 

	¡Oh! Cada vez que a la mujer hermosa
	Con fraternal amor habla el proscripto,
	Duerme soñando en la palmera airosa,
	Novia del Sol en el ardiente Egipto.
	 

José Martí
Gustemala, 1877

 

Poema dedicado a la señorita María Cristina García Granados,(La Niña de Guatemala publicada en El Cubano, La Habana, 12 de abril de 1888. Aparece otra con igual título.