El infeliz que la manera ignore De alzarse bien y caminar con brío, De una Virgen celeste se enamore Y arda en su pecho el esplendor del mío. Beso, trabajo, entre sus brazos sueño Su hogar alzado por mi mano; envidio Su fuerza a Dios, y, vivo en él, desdeño El torpe amor de Tibulo y de Ovidio. Es tan bella mi Carmen, es tan bella, Que si el cielo la atmósfera vacía Dejase de su luz, dice una estrella Que en el alma de Carmen la hallaría. Y se acerca lo humano a lo divino Con semejanza tal cuando me besa, Que en brazos de un espacio me reclino Que en los confines de otro mundo cesa. Tiene este amor las lánguidas blancuras De un lirio de San Juan, y una insensata Potencia de creación, que en las alturas Mi fuerza mide y mi poder dilata. Robusto amor, en sus entrañas lleva EI germen de la fuerza y el del fuego, Y griego en la beldad, odia y reprueba La veste indigna del amor del griego. Señora el alma de la ley terrena, Despierta, rima en noche solitaria Estos versos de amor; versos de pena Rimó otra vez, se irguió la pasionaria. De amor al fin; aunque la noche llegue A cerrar en sus pétalos la vida, No hay miedo ya de que en la sombra plegue Su tallo audaz la pasionaria erguida.
José Martí
1877
-CARMEN- Carmen Zayas Bazán, después esposa de Martí. Publicado en El Cubano, La Habana, 12 de abril de 1888.