Surcando el mar, pidiendo a las inquietas olas del Golfo espacio y albedrío, al par llegamos, tú con tus poetas, yo con el mal de un alma en el vacío. Los dos trajimos a esta tierra bella un sueño y un amor, algo de canto en la voz juvenil, y algo de estrella de gloria para ti, y en mí de espanto. Cantor y actor son formas encarnadas de tan íntimo ser, que el uno brilla con el fuego del otro; así enlazadas mis palmas vi con tu feraz Castilla. Joven tú, joven yo, los dos lejanos de una tierra feliz, presto supimos cuán pronto enlaza el corazón hermanos llorando al par la tierra que perdimos. Tú esperas. Yo no espero. Tú confías en porvenir mejor; yo miro al cielo; han de venir los venturosos días de espacio claro y de incansable vuelo. Hombre en la tierra, mi deber concibo; nadie hará más: luchando como bueno, yo arrastro el muerto, semejando un vivo, y espero el fin; indómito y sereno. Tú, tú marchas. Andar es la victoria, andar dejando por la tierra huellas; aún tiene auroras la soberbia Gloria; el manto de la Fama aún tiene estrellas. Sube sin miedo, y si su rostro airado el cielo a tu soberbia da en castigo, ven sin temor; tu marcha no ha cesado; caerás en brazos de tu amante amigo.
José Martí
Méxlco, 18 de marzo de 1876