A Enrique Guasp de Peris

	Surcando el mar, pidiendo a las inquietas 
	olas del Golfo espacio y albedrío, 
	al par llegamos, tú con tus poetas, 
	yo con el mal de un alma en el vacío.

	Los dos trajimos a esta tierra bella 
	un sueño y un amor, algo de canto 
	en la voz juvenil, y algo de estrella 
	de gloria para ti, y en mí de espanto.

	Cantor y actor son formas encarnadas 
	de tan íntimo ser, que el uno brilla 
	con el fuego del otro; así enlazadas 
	mis palmas vi con tu feraz Castilla.

	Joven tú, joven yo, los dos lejanos 
	de una tierra feliz, presto supimos 
	cuán pronto enlaza el corazón hermanos 
	llorando al par la tierra que perdimos. 

	Tú esperas. Yo no espero. Tú confías 
	en porvenir mejor; yo miro al cielo; 
	han de venir los venturosos días 
	de espacio claro y de incansable vuelo.

	Hombre en la tierra, mi deber concibo; 
	nadie hará más: luchando como bueno, 
	yo arrastro el muerto, semejando un vivo, 
	y espero el fin; indómito y sereno.

	Tú, tú marchas. Andar es la victoria, 
	andar dejando por la tierra huellas; 
	aún tiene auroras la soberbia Gloria; 
	el manto de la Fama aún tiene estrellas.

	Sube sin miedo, y si su rostro airado 
	el cielo a tu soberbia da en castigo, 
	ven sin temor; tu marcha no ha cesado; 
	caerás en brazos de tu amante amigo.
	 

José Martí
Méxlco, 18 de marzo de 1876