El genio es la encendida Llama que en el poeta estrellas brota, Y da a las sombras en el lienzo vida, Y el alma en los espacios adormida Forma de un sueño, timbre de una nota, Es ráfaga brillante Que ilumina de súbito y esplende; Libertad, presunción, todo lo amante, Redime, alumbra, prende: Es lo eterno gigante Encarnado en el hombre en un instante En que del alto cielo se desprende. ¡ Y en el proscenio, cuánto El genio acrece! cuando airado estalla, Cuando abre en nuestro amor fuentes de llanto, Cuando empeña batalla Entre el pálido crimen y el divino Perdón - allí concluye lo mezquino, Y el genio hermoso claridad derrama; Y ora con Sancho desgarrado implore, Ora mate en Maurel, ora devore Al fiero Hamlet vengativa llama, Se llora ¡siempre es bueno que se llore! Se sufre ¡así se ama! Y en público y actor el mismo fuego En las venas la sangre precipita: Hermanos forja el entusiasmo ciego: Con el actor el público se agita: Elévanse a la altura Aromas del espíritu escondido, ora en vapor de lágrimas, o en dura Reconvención que el cielo ha merecido, O en lazo suave de aromosas flores, Cendal de sueños, y collar de amores; Con ellas quiere el que en felice día Vio por tu genio su creación realzada, Ornar la frente que dejó Talía Con hojas de laureles coronada. Desciña el Hamlet inmortal la torva Corona de dolor, que en triste empleo Hacia la tierra su cabeza encorva: De sí desprenda el funerario arreo; Preste el verde laurel cuello obediente, Y del mérito y lauro el himeneo Publique aquí la coronada frente.
José Martí
México, 26 de enero de 1876
'Dedicados por Martí al actor y director teatral español, su amigo Enrique Guasp de Peris, fueron leídos en la función celebrada en su benéficio, el 26 de enero de 1876, en México.